lunes, septiembre 24, 2012

Morfeo Y Paciencia


Cuando era chiquita, me acostaba y me tapaba hasta las orejas esperando a mi papá, que no iba a dormirse sin antes regalarme un beso y un “buenas noches” . Ni siquiera tenía que hacer demasiado esfuerzo por no dormirme, porque inconscientemente tenía incorporada la espera de ese saludo…. Era (y sigue siendo, aunque lejos) como una bendición. La bendición de las buenas noches, el beso tierno que lleva escondido la artillería pesada para dormir a esta niña...

Y recibía el sueño dejando todas mis tristezas atrás, con ese simple echo de despedirlo a el, de pedirle que apague mi luz, y que tenga dulces sueños… Sólo después de eso me dormía. Me dormía, o al menos hacía el intento. Esperaba. ¿Qué era lo que esperaba? Siendo chica, esperaba que llegara el sueño personificado, haciéndome bostezar, cerrándome los ojos y dando por finalizado mi día... Esperaba dormir… Aprendí y tomé nota: Punto Nº1, “en este mundo se espera para todo. Impacientes abstenerse…”

Había noches en que simplemente ese sueño inventado por mí no llegaba jamás, o era brutalmente interrumpido por algún que otro sueño malhumorado… por algún que otro murmullo que no debía escuchar…. Y luego se me volvía una espera interminable. Me concentraba y hasta me convencía de que pronto iba a estar descansando, de que ese insomnio estaba en su tramo final. Por supuesto….Cuanto más lo pensaba, menos resultado me daba. O el colchón se volvía de piedra, o la almohada pasaba a ser incómoda. Hacía frío y me volvía un tumulto de mi misma… Giraba unas docenas de veces tal vez, solo para redescubrir que no había salida.

Mi cabeza volaba y mi imaginación tomaba el control total de mi…. Esperaba y el sólo hecho de pensar y ser consciente de que estaba esperando, no me traía ninguna solución. Al contrario, empeoraba y terminaba por convertirme en una centinela nocturna…

Ese desvelo que parece no tener fin es el mismo de hoy. Esperando, siempre esperando... sea a ese beso de las buenas noches, sea a que ese-quien-sea que te concilia el sueño, sea a esperar a que esos malos sueños se alejen de nosotros… La vida misma es esa espera incierta. Lo malo es que no depende de nosotros. Que pese a conocerla, ella es la que decide cuándo irse, cuándo aparecer, cuándo volver. Y siempre Lleva como acompañante al tiempo, su mejor aliado.

Vamos bien despiertos sabiendo que nos falta algo y que el único reparo es la espera. Una enemiga constante para la impaciencia que nos oprime. Cronometremos relojes, la espera no viene apurada.

Y mientras tanto, espero. Espero ese no-sé-qué- sin nombre que ciertamente no va a devolverme las horas en vela, sino que va a sacarme el sueño una vez más…

"(...) cada vez más resuelto a prolongar la espera,
y a esperar,
y esperar,
y seguir esperando
con tal de no acercarme
a la aridez inerte,
a la desesperanza
de no esperar ya nada;
de no poder, siquiera,
continuar esperando."

No hay comentarios:

Publicar un comentario